lunes, 30 de junio de 2008

Remolque 51 1/2 el 29 de Junio de 2008

Arranqué más tarde. No se iba a volar hasta que no levantara la niebla, de modo que salí de casa a las 9.30am. La pasé a buscar a Sole ya que, como era domingo y no tenía facultad, me podía acompañar al club. En el camino levantamos como la otra vez a Richard, quien esta vez estaba acompañado de su chica Evangelina.

A medida que nos acercábamos el panorama era más desalentador porque la niebla se seguía cerrando. Llegamos y nos fuimos a cantinear hasta que que aclarara. A eso del mediodía la cortina del cielo se empezó a rasgar. Ayudamos a la brigada de Roberto que estaba preparando los planeadores y acompañamos a la pista.

Nuestra brigada había volado el día anterior. Hoy no nos tocaba y por eso Gus no estaba. Me acerqué a Roberto y le pregunté si me podía hacer un lugar para volar con él antes de salir con el Ka8. Con muy buena predisposición me dijo que subiera de inmediato y eso hice.

"uy! se está cubriendo de vuelta" deslizó Roberto justo antes de despegar.

La soga se tensó, hice la señal de redondo y comenzamos la carrera detrás del avión de remolque. Los comandos estaban como más duros, más pesados. Supuse que era lógico tenerlo presente en los comandos ya que no me conocía y no sabía como despegaba. Recité el plan de emergencia y a los 200mts me agarraron ganas de sentirme un poco más libre. "Estás en los comandos? porque los siento duros" pregunté. "Sí, estoy apoyado, pará que te los dejo más libres... ahí está" me contestó. Estaba volando con Roberto! Varias veces había visto sus tirabuzones y sus looping enganchados con medias vueltas. En mi mente no dejaba de preguntarme si tendríamos la chance de hacer algo de eso.

Seguimos subiendo y cuando alcanzamos los 250mts vi algo que puedo describir sin temor a equivocarme como la postal más hermosa de mi corta vida aeronáutica. Al pinchar la capa de niebla quedamos literalmente volando sobre un "mar de algodón". Era maravilloso! Todo el piso desde abajo de nosotros y hasta donde llegaba la vista estaba cubierto por nubes blancas y esponjosas.

"No pierdas de vista el club porque si no estamos sonados!" dijo Roberto desde atrás. Al instante comencé a buscar la pista... y no pude encontrarla. El "mar de algodón" era tan lindo como peligroso. Había algunos pequeños claros de nubes que permitían ver el suelo como si uno estuviera espiando por el ojo de una cerradura. El problema es que ninguno de estos claros coincidía con la pista. "Vamos a tener que cortar!" comentó y unos segundos más tarde se escuchó el CLANK! que marcaba el inicio del vuelo liberado. "IZQUIERDA, IZQUIERDA" me marcó al ver que perdí 1 o 2 segundos antes de inciar el viraje, creo que porque estaba demasiado asombrado con la vista.

Enseguida empecé a buscar en esos claros una alternativa en caso de quedarnos bajos antes de poder encontrar el club. De repente aparecieron el 3 y el 4 que adornan la cabecera sur. "Vamos a quedarnos por acá!" dijo Roberto. Estábamos al oeste de la pista con la cabecera a nuestra izquierda, o sea justo en la inicial. "Bueno, entonces nos quedamos virando acá y cuando tengo la altura entro?" pregunté. "Mmh... ves el avión? mejor vamos para acá" me contestó. Nos cruzamos del otro lado de la pista, lejos del circuito del avión pero justo dentro de la niebla "La put..." se escuchó de atrás.

Parecía que alguien había cubierto la cabina con una sábana. Era imposible ver algo!. Me acordé de varios relatos que había leído o escuchado sobre la desorientación espacial, estaría sucediendo en ese instante? estaría virando imperceptiblemente hacia algún lado? miré mi panel de instrumentos buscando algo que me mostrara mi posición relativa al horizonte, recordé un truco que alguien me había contado alguna vez relacionado a la brujula... estaba apuntando al Norte y no se movía, pero es sabido que tiene un retardo... mientras yo buscaba que hacer llegamos a otro claro y escucho a Roberto "Ahí está el avión en final, lo ves?". Asentí y emprendimos lo que podría ser una contrabásica agarrada a mitad de camino. Los comandos seguían duros al punto que no tenía muy claro si eran míos o no. "Se te está yendo la velocidad" cantó Roberto en el último viraje, el velocímetro acusaba 120km/h, ya estábamos saliendo del viraje así que lo puse recto y nivelado y saqué los frenos, el avión estaba recien tocando y nos abrimos un poco hacia la izquierda para darle lugar.

"Hoy no se va a volar por un buen rato, vamos a la cantina" finalizó Roberto.

Así fue que enfilamos para allí, comimos un rico vacío al horno con papas y a las 14hs disfrutamos de la charla sobre meteorología preparada por Alberto donde estuvimos un rato aprendiendo sobre sondeos, meteogramas y otras formas de fijarnos si los fines de semana venideros serán volables o no.

Me quedé con las ganas de hacer un vuelo en serio con Roberto. Espero engancharlo alguna vez, y ahí sí, enroscarlo para todos lados!!! ;-)

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