El sábado anterior Gus nos había enseñado a leer el meteograma del Servicio Meteorológico Nacional (Ex-Meteofa). El más complicado de leer suele ser el primer cuadro donde se exponen la temperatura, humedad y viento según la altura (expresada en presiones). Todo el cuadro suele estar lleno de palitos que a su vez tienen pequeñas rayas perpendiculares que se acumulan señalando la intensidad del viento.
Unos días antes del fin de semana suelo empezar a buscar pronósticos para hacerme a la idea del día de vuelo que me va a tocar. Esta vez no fue la excepción, además ahora tenía el arma secreta que habíamos aprendido en el fin de semana. Bajé el meteograma y me fuí directo al primer cuadro (el que ahora sí sabía leer). Como les cuento... estaba lleno de peines (léase palitos con muchas rayitas perpendiculares).
Las rayitas podían ser largas o cortas indicando 10 y 5 unidades respectivamente. La única duda que tenía era si esas unidades eran kts o km/h. En realidad una parte de mi cerebro recordaba que eran kts. pero otra parte de él tenía muchas ganas de volar y se esforzaba por creer que eran km/h. La diferencia? 40kts. x 1.853 = 73.2 km/h
Resultado: todos en tierra, café con anécdotas al lado de la chimenea, almuerzo polentoso (de alguna manera había que compensar el espíritu, bastante dolido por no volar) y charla sobre aerodinámica dictada por Fernando en el aula.
A eso de las 17hs emprendimos el regreso. Tuvimos que agarrar otro camino para ir esquivando piquetes y 2 horas más tarde estábamos llegando nuevamente a Capital. Igual nos vinimos matando de risa todo el camino. Al mal tiempo buena cara, dicen...
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