Al principio del curso hubo algunos vuelos que escribí cuando este blog todavía ni siquiera era un proyecto. Esto debe haber sido el tercer o cuarto fin de semana de mi curso de instrucción. Calculo que debía llevar unos 8 o 9 remolques. Aquí cuento los tres remolques de ese día, que estimo habrá sido por Noviembre de 2007.
Primer remolque
Despegamos y a los 200 metros Gustavo me dio el control. Intenté seguir al Bellanca Scout que todos los findes nos remolca. Yo pensaba que el eje al que tenía que apuntar era el longitudinal del avión pero Gus me indicó que le apunte a la mitad del ala exterior en los virajes. Es decir que si el remolque viraba a la derecha yo debía apuntarle al medio del ala izquierda. No pude seguir el ritmo, cortamos.
Viraje por izquierda, viraje por derecha. En un momento encontramos una térmica y comencé a virarla hacia la izquierda. Sin darme cuenta comencé a escarpar más el giro, mientras tiraba de la palanca para evitar que se me cayera la nariz cargaba más y más el planeador con fuerza g. Estaba virando bien, estábamos subiendo, pero poco.
“Lo estás amasijando, al planeador” me dice Gustavo. “Dámelo un cachito”. Abre el giro, comando atrás para sacarle velocidad y comienza a virar tranquilo mientras el variómetro pasa de medio metro por segundo a casi dos.
Luego hacemos una pérdida. Un poco más tranquila que la otra vez. Apenas empezó a caer lo levanté y respondió.
Aterrizamos en la cabecera 34, conocí el circuito y el punto de inicial. Hasta ahora había aterrizado siempre en la 16.
Segundo remolque
Nuevamente fuimos para 500 y a los 200 fue mío. “Intentá seguir al avión: si él se inclina, vos también. Fijate la parte amarilla del timón de profundidad, ahí podés ver bien si cuando el avión sube es por un golpe térmico o por acción del piloto”. Y así comienzo a seguirlo. Él se inclina, yo me inclino, él se inclina yo me inclino. Me paso un poquito, intento corregir y ahí me vuelvo a pasar para el otro lado pero ahora la corrección debe ser más fuerte. Me empiezo a descuajeringar. “Bue, cortá que ya estamos como a 600” (me había concentrado tanto en seguir al remolque que me había olvidado del altímetro).
Cortamos, viraje por izquierda, térmica, la viramos un poquito. Luego empezamos a hacer virajes para un lado y para el otro. En un viraje por derecha la lanita se me empezó a caer hacia adentro (hacia el centro de viraje). En ese momento no supe como enderezarla. Intenté con más pedal derecho pero pareció no funcionar, iba a intentar con pedal izquierdo pero mi cerebro me dijo que comando a la derecha y pedal izquierdo no era virar coordinado ERA DESLIZAR. “La lanita centrada!”, me dice Gustavo. “No se que hacer para mantenerla centrada”, contesto asombrado de mi propia ignorancia.
“Bueno, nivelá, prestámelo que te voy a mostrar algo. Cuando vos querés que la lanita vaya a la derecha pisás el pedal derecho, cuando vos querés que la lanita vaya a la izquierda pisás el pedal derecho. En un viraje…” Acá me confundí un poco porque por instantes me pareció que para centrar la lanita no accionaba sobre los pedales sino sobre el comando, variando el radio de giro.
¿Qué pasa cuando la lanita se te cae al centro del giro? Pregunté intuyendo una respuesta divertida :-)
“Bueno, estamos justo en la altura para mostrarte, no toques nada, dejame que lo saque yo porque sino estamos muertos”
Ahí comenzó a mostrarme paso a paso el viraje, de golpe la cosas empezaron a estar mal, la lanita se empezó a caerse para adentro y una alarma dentro de mí me dijo PER-DI-DAAAAAAAA como si fuera la chicharra del C-152. Todo azul, todo verde…NO TE TUERZAS escucho de atrás, todo verde dando vueltas hasta que enfilamos hacia el suelo en picada y llega la recuperación. No de golpe sino por etapas en lo que me pareció una forma de evitar la pérdida secundaria aunque quizá lo que intentaba era evitar entrar en el Looping. EL TIRABUZON DEL TONTO!!!, muchas veces había escuchado hablar de él pero nada que pueda estar escrito se acerca a la sensación de cuando se te enrosca. La verdad me gustaría recordar el paso a paso para poder describirlo y releerlo pero en ese momento tenía tantas sensaciones y diversiones que me costó grabarlo en la mente.
Buscamos otra térmica. “Ahí viene el maestro” dice Gustavo. Una cigüeña nos indicó donde estaba la calle. Recuperamos algo de altura que nos permitió practicar algunos giros. Y aterrizamos en la 16.
Tercer Remolque:
Para 500 pero esa vez acompañe los comandos en todo el trayecto. Gustavo fue pensando en voz alta para que yo viera por qué hacía cada cosa. Primero casi nada de palanca, solo pedales y luego cuando decía “Se cae el ala derecha, ahora se cae la izquierda” (lo decía medio segundo antes que se empezara a caer) aplicaba palanca para corregir.
Despegamos, fui acompañando y en el momento en que fue sólo mío de vuelta se descuajeringó. Copié el remolque un par de veces hasta que se me fue, empecé a corregir y aquí hubo algo que me hizo acordar mucho al slalom del auto, UNA VEZ QUE EMPEZÁS A CORREGIR TENES QUE CORREGIR CADA VEZ MÁS Y EL DESCONTROL AUMENTA CON CADA CORRECCIÓN. Estimo que lo que hay hacer es mantener el control durante el tiempo para nunca tener que corregir. Pero me sale mejor decirlo que hacerlo :-)
En una de las correcciones se me ocurrió corregir con palanca atrás, lo que me elevó por encima del remolque. “NO, NO, NO” dice Gustavo y corta. Yo sabía que eso era peligroso pero ocurrió casi sin darme cuenta y si corregía con palanca adelante iba a ganar velocidad lo que quitaría tensión a la soga y tengo entendido que eso tampoco es bueno.
Agarramos una térmica que viramos junto con un buitre, al menos eso dijo Gustavo porque yo estaba tan concentrado en mantener el horizonte en su lugar (jajaja) que no podía mirar a otro lado.
Seguimos practicando virajes. Gustavo me notó dos defectos:
Inclino mi cabeza al virar, lo que me altera la referencia visual del horizonte.
Meto y saco palanca en los virajes lo que me altera el radio de giro, que debería ser constante.
Esto fue muy evidente en los últimos dos virajes. El viraje por derecha salió mal, producto del primer defecto. El viraje por izquierda salió bien ya que dejé mi cabeza quieta. Ahora que lo pienso me parece que todos los virajes por izquierda me salen mejor que los que hago por derecha.
Aterrizamos largo, y Gustavo lo dejó justo en la salida de la pista. Luego de guardarlo, tomamos un café en la cantina, como en toda reunión de pilotos salieron un par de anécdotas muy divertidas. Luego, alrededor de las 18hs terminamos una jornada volovelística que me dejó con muchas cosas para pensar durante la semana.
Estoy contento, a eso vine justamente. A identificar errores, a corregirlos… y a aprender! Siento que acá voy a aprender a volar, me van importando menos las licencias y las horas solamente quiero volar… cada vez un poquito mejor que la anterior.
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