viernes, 22 de febrero de 2008

Mi primer emergencia real

Este es el mail que le mandé a la brigada (en planeador el curso se hace por grupos llamados brigadas) cuando me pidieron mi opinión sobre la emergencia que nos tocó vivir con Gustavo el sábado 24 de Noviembre de 2007:

Ya les conté de donde vengo y por qué comencé el curso de planeador. Bueno, días como el de ayer me confirman que no me equivoqué en la decisión que tomé. Y esto va algo más allá de la emergencia. Por ejemplo, me pareció muy importante lo que nos enseño Gustavo al negarse a salir con los nudos en la soga. No importó lo que dijeran quienes estaban detrás nuestro, era por nuestra seguridad pero también por la de ellos. Particularmente me sentí mal en ese momento porque, desde la cabina, yo había visto uno de los nudos cuando engancharon al Blanik rojo y no dije nada, ni avisé por radio. La próxima vez, si es que sucede, seguro voy decir algo. En una de las anécdotas de la página del club dice que la seguridad debe ser una religión, y si eso es verdad entonces hay que practicarla para uno y predicarla para los demás. En cuanto a la emergencia en sí. Salimos en el tercer remolque, estaba podrido de venirme al piso al toque entonces me dije y le dije a Gustavo que en ese me iban a salir mejor las cosas (jajaja, no sabía la que me esperaba).

No recuerdo exactamente si fue cuando el avión giró sobre su eje para comenzar a tensar o cuando efectivamente empezó a tensar la cuerda pero de golpe la nariz pegó fuerte contra el piso. En ese momento, lo atribuí a mi peso, me quejé mentalmente de que me gusten tanto los asados y no le dí mayor importancia. Comenzó el remolque, igual que en los dos anteriores me tocaba manejar el flap. En el remolque anterior sin darme cuenta o de forma algo instintiva lo había guardado "por etapas" como si estuviera volando un C152 entonces esta vez puse cuidado en guardarlo en un movimiento suave pero continuo. Ni bien despegamos ejecuto el movimiento y para mi sorpresa nos caímos un poco y rebotamos en el piso (en realidad no fue tanta sorpresa, la vez anterior los había guardado por etapas precisamente temiendo algo así, que ya me había pasado una vez en el curso de avión).

A los 200mts el Blanik fue mío e intenté hacer el "se inclina-me inclino". Cuando llegamos a los 500mts. tomo la manija de corte con la mano izquierda, tiro y casi al unísono le doy palanca atrás y a la izquierda. Quería perder la menor cantidad de envión y convertirlo en los 50mts adicionales que me había comentado Gustavo que se podían ganar en el corte. A partir de ahí fue algo confuso, escuché que Gustavo me decía "No, Damián, no!" y la corrección que él comenta me pasó totalmente desapercibida (NOTA DEL AUTOR: Este mail fue en respuesta a uno de mi instructor donde había explicado la corrección que había hecho en ese momento) . Tiré varias veces más para cortar pero nada. Probó él pero tampoco. En ese momento me comentó que la maniobra que había hecho podía haber trabado el gancho y empezamos a pedirle al remolcador que corte sin obtener respuesta. La tensión en mí comenzó a subir. Es terrible como te cuesta pensar en esos momentos. Cuando estábamos pasando los 800 metros. Me pasó su celular y me dictó el número de la administración (fijate cómo cuesta pensar en ese momento que ni se me había ocurrido esa alternativa). Para cuando terminé de marcar el número, el remolcador cortó. Imaginé que estaba todo bien e intenté tomar los comandos nuevamente pero Gustavo me comentó que no todo había terminado, la soga representaba un peligro potencial al existir la posibilidad de que se enriede en alguno de los alerones o en el timón de profundidad/dirección.

Comenzamos a volar cada vez más rápido. Yo pensé que buscaba bajar más rápido ya que estábamos muy alto. Volábamos a 120km/h. y me dió la impresión que ponía especial énfasis en coordinar perfectamente los giros, no tanto para enderezar la "lanita" de la cabina sino la "otra lanita" que podía estar colgando abajo nuestro. Cuando logramos ver nuestra sombra no pude confirmar si nos colgaba la soga o no. Fuimos al punto de inicial, y me indicó llamar a la Base Albatros de la forma habitual pero agregando "en emergencia con soga enganchada". La altura que teníamos en final más bien parecía la de la pierna inicial. Esta vez no hubo deslizada ni nada. Flap casi a la velocidad máxima para los mismos, frenos recién cuando la cabecera estaba abajo nuestro, fuimos bien largo y aterrizamos. Me siento muy afortunado por haber experimentado mi primer emergencia real en compañía de mi intructor. Sin duda recordaré esta experiencia si algún día me llega a volver a tocar pasar por una y trataré de actuar igual que Gustavo lo hizo. La emergencia fue resuelta por él en su totalidad pero en todo momento me explicó que era lo que iba haciendo para "salvarnos el pellejo", permitiéndome vivirla como mía también y le estoy agradecido por eso. Ahora sí... en el próximo me van a salir mejor la cosas (que frase yeta esa! jajajaja)

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